¡¡¡Seamos realistas: pidamos lo imposible!!!
"Sólo la Belleza salva el mundo"
Fedor Dostoievski

jueves, 9 de junio de 2011

¿Por qué nuestra revista se llama La Pulga?


LA PULGA:
                     “Me metes constantemente pulgas en la oreja. Mejor: tu misma presencia es un constante reclamo para mí”.
Así me dijo una vez un amigo, y lo decía agradecido por la amistad verdadera que vivíamos. “Tengo en ti, dentro de ti (le respondí) a un buen aliado, aunque sea bastante cubierto de polvo”.
“Meter una pulga en la oreja” es una frase que significa una voz, un reclamo, una intuición que intenta callar y no nos deja “tranquilos” como quisiéramos.
¡Menos mal que tenemos esta pulga que no deja de molestarnos!
Debería ser normal dar espacio a esta voz que dentro de nosotros grita el deseo de una vida plena, de que la vida tenga un significado, del amor verdadero… en una palabra, -una palabra hoy casi prohibida y borrada de nuestras conversaciones- de la felicidad.
Solemos callar esta voz, esta pulga en la oreja y en el corazón. Nos da demasiado miedo.
Debería ser normal dar espacio a esta voz que fuera de nosotros nos interpela a través de la belleza, de la alegría y del dolor. Toda la realidad, todo afecto, toda experiencia, todo rostro sería por sí mismo esta voz que quisiera despertarnos, enriquecernos.
Sin embargo, si nos cerramos a esta “pulga benéfica”, el precio es alto. Se hace cada vez más gruesa una coraza que va endureciendo nuestro corazón y nuestra mirada, volviéndonos impermeables a aquella voz. Es una posibilidad trágica: dejar que se calle el deseo de verdadera felicidad que está en nuestro corazón. Es como apagar nuestra persona, lo mismo que tener un Ferrari y quitarle el motor. Desde fuera parece todo bien, pero falta lo esencial.
Antes o después, como un vestido que se ha usado demasiado y, en los sitios de mayor roce empieza a desgastarse, deja ver el interior y repentinamente por un movimiento brusco se desgarra; así puede que algún terremoto –una gran alegría o un gran dolor- quiebre esa coraza. Entonces el corazón vuelve a aflorar, como la erupción de un volcán.
Otra posibilidad –más estable y duradera- es que acontezca un “encuentro”. Así lo expresó una chica que hace poco se había abierto a esta amistad: “Ahora ya no pienso que la vida es nada. Mis preguntas no son una condena, sino un desafío. Son un desafío que yo puedo afrontar porque estoy acompañada por la Respuesta y por las personas que me la hacen presente”.
“La Pulga” desea ser la expresión y la propuesta de una amistad y de una vida donde lo que debería ser normal y sin embargo casi nunca sucede, empieza a acontecer.

EDITORIAL
¡¡¡¡Seamos realistas: pidamos lo imposible!!!